Para alcanzar su objetivo, un zopilote necesita saber planear.
Desde las alturas observa el territorio, identifica su objetivo y desciende progresivamente hasta actuar sobre él. No ataca temerariamente ni desperdicia energía: modifica su manera de planear según la altura desde la que necesita decidir.
Una organización necesita hacer exactamente lo mismo.
¿Reconoce estas señales en su organización?
Una organización comienza a perder el color cuando trabaja intensamente, resuelve urgencias y consume recursos, pero tiene dificultades para conectar lo que quiere alcanzar con lo que debe hacer para conseguirlo.
- La dirección establece grandes objetivos, pero no los convierte en una ruta estratégica suficientemente clara para alcanzarlos.
- Las áreas y departamentos trabajan intensamente, pero sus planes, presupuestos y prioridades no siempre convergen en los mismos objetivos.
- Los objetivos anuales existen, pero las decisiones cotidianas terminan dominadas por las urgencias.
- Se asignan personas, tiempo y dinero sin poder explicar con suficiente precisión cómo esos recursos contribuyen al resultado esperado.
- La organización reacciona constantemente ante clientes, competidores y circunstancias porque el futuro se administra más por reacción que por planeación.
Si reconoció dos o más de estas situaciones, probablemente su organización está trabajando mucho, pero está perdiendo la capacidad de planear su propio vuelo.
Una organización necesita aprender a planear a tres alturas.
Como el zopilote que modifica su perspectiva mientras desciende hacia su objetivo, una organización necesita observar, decidir y actuar desde tres niveles diferentes de planeación.
1,000 METROS — PLANEACIÓN ESTRATÉGICA
Desde esta altura se observa el territorio completo: hacia dónde quiere ir la organización, qué oportunidades debe perseguir, contra quién compite y qué objetivos necesita alcanzar.
100 METROS — PLANEACIÓN TÁCTICA
La organización comienza el descenso y convierte la estrategia en planes, responsabilidades, presupuestos, recursos y prioridades capaces de coordinar a las diferentes áreas hacia el mismo objetivo.
10 METROS — PLANEACIÓN OPERATIVA
El objetivo ya está al alcance. Ahora la planeación debe convertirse en acciones concretas, responsables, tiempos, indicadores y decisiones cotidianas que produzcan el resultado esperado.
Planear bien no significa mirar siempre desde la misma altura. Significa saber qué debemos ver, decidir y hacer en cada una de ellas.
¿Qué ocurre cuando una organización pierde la capacidad de planear?
Cuando la planeación estratégica, táctica y operativa dejan de conectarse, la organización puede seguir trabajando intensamente, pero comienza a perder dirección, coordinación y precisión.
Puede permanecer demasiado tiempo dando vueltas alrededor de las decisiones, o descender precipitadamente para resolver lo urgente. En ambos casos consume energía, recursos y oportunidades sin conseguir que todo ese esfuerzo la acerque necesariamente a sus objetivos.
POR ESO LOS LLAMAMOS ZOPILOTES DESTEÑIDOS
Porque siguen volando, siguen trabajando y siguen consumiendo energía, pero han perdido el color ante la incapacidad de planear
Una organización se destiñe cuando el esfuerzo permanece, pero la capacidad de convertir ese esfuerzo en dirección, coordinación y resultados comienza a desaparecer.
Perder el color también aparece en los estados financieros.
La falta de planeación no solamente produce desorden, urgencias o desgaste. También puede traducirse en mercados que no se alcanzan, recursos mal coordinados y oportunidades que se pierden aun cuando ya están al alcance de la organización.
Para dimensionar el dolor, observemos tres escenarios de referencia. Cada uno corresponde a una altura diferente y utiliza una base económica distinta.
1,000 METROS — FUGA ESTRATÉGICA
En un mercado total de $10,000 millones MXN, una organización establece como objetivo capturar el 7%: $700 millones. Cuando carece de visión estratégica suficiente, la fuga estimada puede representar entre 30% y 50% de ese objetivo.
Pérdida potencial: $210 a $350 millones MXN.
100 METROS — FUGA TÁCTICA
Frente a un mercado regional de $100 millones MXN, la falta de coordinación entre áreas, presupuestos, canales y prioridades puede hacer que la organización alcance solamente entre 20% y 30% del objetivo.
Captura estimada: apenas $20 a $30 millones MXN.
10 METROS — FUGA OPERATIVA
En una oportunidad, territorio o cuenta con valor de $1,000,000 MXN, la deficiente ejecución puede provocar que, aun teniendo la presa al alcance, solamente se capture entre 10% y 20% del objetivo.
Captura estimada: apenas $100,000 a $200,000 MXN.
El costo de no planear cambia según la altura. Lo que no cambia es que cada desconexión entre estrategia, táctica y operación termina alejando a la organización de aquello que pretendía alcanzar.
Recuperar el color comienza por recuperar la capacidad de planear.
Una organización no necesita trabajar más para dejar de ser un Zopilote Desteñido. Necesita conseguir que aquello que decide desde las alturas pueda convertirse progresivamente en planes, recursos, responsabilidades y acciones capaces de producir el resultado esperado.
Eso exige conectar las tres alturas: pensar estratégicamente hacia dónde volar, organizar tácticamente cómo llegar y ejecutar operativamente lo necesario para alcanzar el objetivo.
Cuando estas tres formas de planeación se conectan, la organización deja de reaccionar permanentemente ante las circunstancias y comienza a construir deliberadamente las circunstancias que necesita para alcanzar sus objetivos.
El objetivo no es planear más. Es conseguir que estrategia, táctica y operación formen parte del mismo vuelo.
Cuando las tres alturas forman parte del mismo vuelo, planear deja de ser intención y comienza a convertirse en resultados.

De reaccionar ante las circunstancias a planear cómo construir el resultado.
PLANEA AS integra la Planeación Estratégica, Táctica y Operativa para conseguir que los objetivos de la organización se conviertan progresivamente en planes, recursos, responsabilidades y acciones orientadas al mismo resultado.
Desde la dirección hasta la operación, cada nivel necesita saber qué debe alcanzar, qué debe hacer para conseguirlo y cómo comprobar que está avanzando hacia el objetivo.
Porque el futuro de una organización no debería quedar a merced de las circunstancias.
También puede planearse.
